Arturo Pérez-Reverte fenómeno

Una de las pocas cosas buenas que tienen los domingos son el fútbol y el artículo del Señor Pérez-Reverte en El semanal. Y el deporte rey ya no tanto desde que ha pasado de ser el entretenimiento del descanso dominical a ser un oficio casi diario.

Así, solo nos queda el artículo de este señor como novedad de los domingos y siendo sinceros tengo que admitir que unos mejor que otros, pero nunca me defraudan. Hoy pues me ha deleitado quince minutos contando la historia de uno de los muchos héroes nacionales que tenemos olvidados: Antonio Barceló (1717-1797).

Reconozcámoslo, los españoles preferimos aplaudir enérgicamente a payasos televisivos que rendir honores a nuestros propios sargentos de hierro que bebieron más cerveza, mearon más sangre, echaron más polvos (eso espero) y chafaron más huevos que el propio sargento Highway. Somos así, capaces de lograr las más increíbles hazañas, solo superables por nuestra virtud para olvidarlas. Esta realidad la expresa a la perfección en su artículo el escritor:

Don Antonio Barceló

Quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barcelo, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera.

En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie.

Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.

Para que conste, por si alguien prejuzga mal esta opinión positiva, de sus libros solo he leído El capitán Alatriste cuando era un adolescente inocente sin conseguir terminarlo, quizás ahora deba darle otra oportunidad; también quiero dejar claro que muchas veces mi opinión es contraria a la de Arturo y sin embargo, él siempre tiene razón.

Podéis leer el artículo entero aquí.

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