Haaave you met True Blood?

Últimamente parece que nos quieren traladrar con series que tratan de facetas oscuras y seres imaginarios (o reales, quién sabe). Comenzando con la repetida hasta la saciedad Buffy Cazavampiros (actualmente en La 2), pasando por producciones pésimas como Moonlight (laSexta) hasta llegar a extremos bazóficos como la horrible Reaper (laSexta se ha lucido). Sin embargo, no todo lo sobrenatural es malo y de eso os quiero hablar hoy: True Blood, una de los productos más recientes de La Gloriosa.

Tras el estrepitoso fracaso de Moonlight, nadie daría un céntimo por una serie de vampiros, especialmente cuando Buffy y Angel han sobrecargado las parrillas durante tantos años. Nadie daría un céntimo, pero esta es de Alan Ball. Después de ver Six Feet Under y American Beauty, ¿quién se resistiría al ver su nombre en los títulos de crédito? True Blood trata el universo del vampirismo desde un punto de vista existencial e innovador, con sus ya alambolescos tintes de humor negro que tan buen sabor de boca me han dejado.

Con una resaca de mil demonios (o mil vampiros, debería decir) y sin nada mejor que hacer, un fin de semana me metí entre pecho y espalda los, hasta entonces, cuatro episodios de esta temporada y, sin ánimo de elevar demasiado vuestras espectativas, he de decir que me llevé una grata sorpresa.

La acción tiene lugar en un pequeño pueblo de Estados Unidos, concretamente en el estado (otrora bajo dominio español) de Luisiana. Dos años antes, los vampiros decidieron salir de sus ataúdes y darse a conocer al mundo, lo que ha creado dos nuevas facciones políticas: los que defienden el derecho de los vampiros a ser tratados igual que el resto y sus detractores. Buen sitio el Sur Profundo yanki para estos menesteres…

En este punto, estaréis pensando algo así como que los vampiros matan gente para alimentarse. Pues gracias a esos extraterrestres que llamamos japoneses, ya no. Resulta que han logrado sintetizar Tru Blood, sangre sintética con todo lo que un vampiro necesita para sobrevivir (¿sobrevivir?) sin tener que chupar cuellos. Sea como fuere, y como nunca llueve a gusto de todos, también tenemos detractores en el bando de los colmillos: vampiros que no están muy de acuerdo con eso de socializar con el resto de la humanidad.

No obstante, la parte política solamente está expuesta de forma latente mientras que la patente, preciosa y exterior se basa en una bonita historia de amor que surge cuando el primer vampiro llega a ese pequeño pueblo sureño. Los protagonistas son Sookie Stackhouse (la oscarizada Anna Paquin), una camarera reservada que puede leer las mentes, de la primera a la última, excepto la de Bill Compton (Stephen Moyer) que es el mentado vampiro y dúo de la rubia.

Entre los dos se forma un extraño y fuerte vínculo, por supuesto, no aprobado a los ojos del pueblo que recela de su nuevo vecino y especialmente del dueño de la cafetería, enamorado de Sookie desde hace ya tiempo. La única que parece aprobarlo es la abuela de Sookie, una anciana simpática que hasta invita a cenar a Bill. ¡Señora! ¡Que los vampiros no comen!

Si la serie simplemente fuese esto, sería una burda copia de Romeo y Julieta. Por eso, el siempre inigualable Ball ha introducido otra trama latente: la aparición de un asesino en serie en un pueblo pequeño dará la siempre inestimable desconfianza por todos y cada uno de los habitantes de esepueblodecuyonombrenomeacuerdo, en especial con la aparición del blaquito.

 

 

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6 comentarios

  1. […] unas semanas, me encontraba analizando True Blood, el nuevo hit de Alan Ball. Si ya de por sí, True Blood es rara, Six Feet Under (o “A dos […]

  2. […] semanas la HBO para ayudarnos con el mono de sangre fresca (serie que Capuleto comentó hace tiempo aquí) comenzó la emisión de minisodios escritos por el propio creador de la serie Alan Ball. En total […]

  3. […] hace unas semanas la HBO para ayudarnos con el mono de sangre fresca (serie que Capuleto comentó  aquí) comenzó la emisión de minisodios escritos por el propio creador, Alan Ball. En total se […]

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